Sobre el encuentro 2025

La cultura divide la ciudad, separa generaciones, ideologías y subjetividades, pero también las une. Nos localiza, define los límites de inclusión y exclusión. Define territorios en disputa. La cultura construye y también destruye. Pero también, la cultura no es estática, es una experiencia individual y colectiva que se transforma a partir de elementos pre-existentes como: valores, normas, restricciones, símbolos, idiomas, formas de organizarse, de celebrar, de aprender, de jugar y de crear. Con toda esta diversidad y complejidad, el imaginario de una identidad cultural única no cabe en nuestro pensamiento, en esa línea, el desconocimiento de esta heterogeneidad parecería que genera desconfianza, rechazo, abandono y conflictos que escalan a diferentes niveles de violencia.

Latinoamérica es la región más violenta del mundo y en los meses recientes, el Ecuador encabeza esta lista de países con una tasa de 45 muertes por cada cien mil habitantes de acuerdo a los datos del Observatorio InSight Crime (2024). Lo cierto es que la violencia adopta diferentes tipologías y escalas hasta llegar a su forma más deshumanizada. Violencia económica, psicológica, emocional, física y sexual son categorías que académicos e investigadores asocian con la violencia estructural. Todas ellas producen daños a necesidades humanas básicas como la supervivencia, la libertad, el bienestar o la identidad, en las que generalmente hay un grupo privilegiado y otro vulnerado, normalmente caracterizados en términos de clase, raza o género (ONU Mujeres, 2024).


Caben entonces las preguntas ¿Qué es aquello que puede hacernos convivir como culturas diversas? ¿Es una posibilidad el diálogo intercultural? ¿Cómo se puede nombrar y materializar la interculturalidad desde las artes contemporáneas?

En respuesta a nuestra pregunta de reflexión, decimos que sí, que a través del pensamiento divergente de las artes contemporáneas es posible reconocer la diversidad, entender los procesos complejos de interculturalidad, configurar mundos en compañía, dialogar, remixear, contaminarnos y transformarnos. Pero para dirigirnos en la dirección de la interculturalidad desde las artes contemporáneas, tenemos que reconocer que absolutamente todo, incluidas las prácticas artísticas, se sostienen por interrelaciones.

Diferentes autores han abordado el concepto de las culturas y sus interrelaciones, sin embargo, el antropólogo Néstor García Canclini retoma las propuestas de autores como Marc Abeles, Arjun Appadurai o James Clifford para reconceptualizar la noción de cultura y entenderla no ya como entidad o paquete de rasgos que diferencian a una sociedad, sino lo cultural como sistema de relaciones de sentido. Desde esta perspectiva sugiere que:

…en vez de comparar culturas que operaría como sistemas preexistentes y compactos, (…) se trata de prestar atención a las mezclas y los malentendidos que vinculan a los grupos. Para entender a cada grupo hay que describir cómo se apropia de y reinterpreta los productos materiales y simbólicos ajenos.

Este último planteamiento nos hace pensar en el Remix y nos acerca a lo que Adorno y Bordieu investigaron por separado: las relaciones sociales son las que dan sentido a las artes y por lo tanto, estas cambian de valor al estar inscritas en interrelaciones. Parafraseando a Marina Garcés, Cristina Rivera Garza y Natalie Heinich, todo lo que hacen y producen las personas como patrimonio común, es decir la cultura son interrelaciones e interacciones humanas y no humanas. Toda nuestra actividad se sustenta en interconexiones, todo se genera a partir de una simpoiesis, todo se genera en compañía. Entonces al referirnos al remix como un proceso cultural, directa e indirectamente colectivo, se pone en crisis la individualidad.

Curar, samplear, cocrear, mezclar, todas son diferentes formas de remix adoptadas en la actualidad que suceden diariamente en procesos sencillos y complejos, y también en las artes. Por lo tanto, si la cultura siempre ha evolucionado a través de procesos de diálogo, interrelación, goce, disfrute, variación, relección, repetición y transformación, entonces habitamos la cultura remix por excelencia. No por esta razón, las obras artísticas carecen de valor estético, social y político. Al contrario, son herramientas críticas, transgresiones, identidad y modos alternativos de colaboración.

Todo es un remix reunirá en la ciudad de Ibarra y a partir del 6 de febrero de 2025 a diferentes agentes que trabajan en la intersección del arte, la cultura, la educación y el pensamiento para generar un espacio de encuentro, exposición, aprendizaje, diálogo y celebración alrededor de los conceptos de interculturalidad y el remix desde las artes como formas de cuestionar y desarmar el pensamiento atravesado por la violencia estructural.

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