Encuentro, Exposición, Mediación, Experimentación.
todo es un remix es un proyecto de investigación y mediación que está en marcha desde el 2018 y que indaga en el concepto de interculturalidad y el Remix en el campo expandido de la cultura a través de diálogos, talleres, exposiciones y presentaciones en vivo.
De forma general, las preguntas que impulsan este proyecto surgen de problemáticas del presente que nos interpelan y que buscamos transformar: La violencia producida por la humanidad -la cual se sostiene de una estructura colonial, patriarcal y antropocéntrica- y en consecuencia, sus manifestaciones en forma de discriminación por edad, etnia, identidad de género o condición socioeconómica.
Latinoamérica es la región más violenta del mundo y en los meses recientes, el Ecuador encabeza esta lista de países con una tasa de 45 muertes por cada cien mil habitantes de acuerdo a los datos del Observatorio InSight Crime (2024). Lo cierto es que la violencia adopta diferentes tipologías y escalas hasta llegar a su forma más deshumanizada. Violencia económica, psicológica, emocional, física y sexual son categorías que académicos e investigadores asocian con la violencia estructural. Todas ellas producen daños a necesidades humanas básicas como la supervivencia, la libertad, el bienestar o la identidad, en las que generalmente hay un grupo privilegiado y otro vulnerado, normalmente caracterizados en términos de clase, raza o género (ONU Mujeres, 2024).
todo es un remix explora posibles formas de deconstruir este pensamiento desde las artes contemporáneas. Para ello, se organizan una serie de actividades artísticas, encuentros y conversaciones que giran en torno a: derechos culturales; diversidades; procomún; participación; laboratorios ciudadanos; pedagogías sensibles; remix; mezclas y futuros posibles. El proyecto también adopta el formato de exposición como espacio de pensamiento, donde las obras de arte contemporáneo abren diálogos sensibles sobre la interculturalidad. Aquí, las prácticas curatoriales se conciben como un proceso creativo, colectivo y experimental, construido desde metodologías de remix. Además, se proponen presentaciones musicales y audiovisuales en vivo, donde el disfrute, el encuentro y la convivencia son gestos de convivencia con la diversidad.

Guaman Poma, Nueva corónica y buen gobierno (1615)

Obras de la serie ‘Cuando las papas queman’, de Sandra Gamarra (2021)

Pieter Brueghel el Viejo (1559) El combate entre don Carnal y doña Cuaresma.
La cultura divide la ciudad, separa generaciones, ideologías y subjetividades, pero también las une. Nos localiza, define los límites de inclusión y exclusión. Define territorios en disputa. La cultura construye y también destruye. Pero también, la cultura no es estática, es una experiencia individual y colectiva que se transforma a partir de elementos pre-existentes como: valores, normas, restricciones, símbolos, idiomas, formas de organizarse, de celebrar y de crear. Con toda esta diversidad, no cabe en nuestro pensamiento la posibilidad de una identidad cultural única, y esta heterogeneidad genera conflictos que escalan a diferentes niveles de violencia.
¿Existe algo que puede hacernos convivir como culturas diversas? ¿Es una posibilidad el diálogo intercultural? ¿Cómo se puede nombrar y materializar la interculturalidad desde las artes contemporáneas?
Sobre la Interculturalidad
Las constituciones del Ecuador y de Bolivia, entre otras cosas, plantean la Interculturalidad como principio fundamental para garantizar el respeto a la diversidad, el diálogo y el progreso. Pero hay que diferenciar acerca de la diversidad cultural porque no es lo mismo lo multicultural, lo pluricultural y lo intercultural. Lo multicultural y lo pluricultural reconocen la diversidad pero no las mezclas, ponen culturas e identidades una al lado de la otra sin asumirlas como parte de un diálogo y, peor, sin «contaminarse» una de las otras. Lo intercultural, en cambio, asume el diálogo, la mezcla, el gozarse y vivenciar todas las culturas en el hacerse. Lo intercultural significa desde y en las epistemologías del sur resistencia, descolonialidad, subversión y salir del ninguneo; se le relaciona con lo que conecta con la tierra, las identidades y el buen vivir (Escobar, 2016).
La noción “ch’ixi” que propone Silvia Rivera Cusicanqui (2010) aporta una vuelta de tuerca mayor a la interculturalidad, ya que lo ch’ixi es algo que es y no es a la vez: “La noción de ch’ixi plantea la coexistencia en paralelo de múltiples diferencias culturales que no se funden, sino que antagonizan o se complementan – aquí podemos referirnos al complemento de culturas, a formas humanas y no humanas. Cada una se reproduce a sí misma desde la profundidad del pasado y se relaciona con las otras de forma contenciosa” (Rivera Cusicanqui, 2010, pp. 69-70)
García Canclini (2015) se refiere a la cultura como convivencia y sentido social y, por eso, afirma que la cultura realiza “contribuciones valiosas” como “creadora de sentido y espacio de convivencia”, solo que debemos “reconocer procesos que en gran parte son secretos, que están escondidos en la trama social”. Y sugiere que hay que trabajar “a favor de la interculturalidad democrática: el problema no es apenas que a cada uno le permitan hablar su lengua con su grupo, cantar sus canciones y filmar sus fiestas en el ámbito local; la interculturalidad pone hoy en juego qué significa convivir entre nativos y migrantes, entre distintas religiones, gustos y concepciones de la familia. Las preguntas no se refieren sólo a cómo reivindicar lo propio. Hay que trabajar, además de los derechos a la diversidad, sobre los derechos interculturales”. Y concluye que “la transversalidad de las culturas con otras zonas de la vida social es un requisito para su desarrollo sustentable. Para consolidarlo se necesita estimular otras estructuras, otras lógicas de producción y difusión, que las promovidas por las megacorporaciones… Hay que tomar en cuenta sus diferentes modos de volverse visibles, sobrevivir y convivir”.
En este sentido, la interculturalidad nos obliga a tomar en cuenta que la lucha es por la soberanía cultural, esa que está y acontece en los territorios, en sus modos de saber y en sus estilos de poner el cuerpo, en sus formas de la esperanza, en sus formas de ser como se es ahí. Y cuando uno va al SUR – como espacio geográfico y como construcción social – aprende, porque se encuentra que los otros modos de imaginación social son diversos y singulares en cada territorio: no higiénicos y puros, bárbaros y mezclados pero en versión “propia”. Y que el progreso de una cultura está ligada a la remezcla de elementos pre-existentes de otras culturas.
¿Es posible imaginar otro mundo libre de violencia? ¿Desde las prácticas artísticas es posible?
¿Pueden las prácticas artísticas ser una herramienta para ejercer la interculturalidad y despojarnos del pensamiento colonizador/que vulnera derechos?
¿Es el remix una técnica para ejercer la interculturalidad?
¿El remix como pedagogía puede permitir el reconocimiento de la diversidad y el goce de la complementariedad?
¿Son necesarios el encuentro, el reconocimiento, la participación, la colaboración y la experimentación en un proceso de interculturalidad?
Sobre el Remix
Hoy más que nunca las tecnologías posibilitan que la Cultura sea re-creada. No nos cabe duda de que el internet transformó la producción y el consumo cultural, y ha configurado la manera en la que nos unimos para colaborar, crear, co-crear y re-crear la cultura, ya sea entre usuarios o a través de iniciativas de artistas que abren sus creaciones a la participación, empresas que deciden apostar por las ideas de sus clientes o Gobiernos que colaboran de forma real con el pueblo.
Lawrence Lessig, profesor de la Universidad de Stanford y fundador de Creative Commons, apunta que el crecimiento de fenómenos como el Remix, la Co-Creación o el Crowdsourcing, son formas contemporáneas de acceso a la cultura con un fuerte componente de participación y colaboración. Por lo que, aquellas políticas que se implementan en los gobiernos locales para garantizar el derecho de las personas para acceder a los bienes y materiales culturales, están posibilitando directamente la producción artística y la conservación de la memoria colectiva de un territorio.
Coleccionar, Curar y Samplear, hacen del Remix un proceso de interculturalidad que puede entenderse dentro de la lucha de poderes en el campo de las artes contemporáneas por su fuerte componente de investigación, colaboración y experimentación, así como por su crítica a la individualidad, originalidad y la autoría. Cristina Rivera Garza, socióloga mexicana, menciona que el culto a la originalidad, invisibiliza un proceso de diálogo profundo con todo eso que ha sucedido/existido antes. Ninguna cultura surge de la nada, es una práctica del estar en común reflexiona ella. Por esto vemos que la cultura remix ha adoptado una postura colectiva de desmontar la visión limitadora de las prácticas artísticas en sus características de autenticidad, genialidad y propiedad privada.
Aunque ya hace muchos años, los artistas tomaban textos de otros y se inspiraban abiertamente, como lo hacía Montaigne en el siglo XVI citando a Séneca sin comillas, es importante separar el Remix en la producción cultural, del plagio académico o la piratería comercial porque están regidas por lógicas distintas. En la actualidad, quizás la cultura remix debe acercarnos a lo que Theodor Adorno y Pierre Bourdieu investigaban por separado: las relaciones sociales son las que dan sentido a las prácticas artísticas, por lo tanto las obras cambian constantemente su valor al estar inscritas en relaciones sociales. Toda nuestra actividad humana se sustenta en interconexiones, para la socióloga Nathalie Heinich en su libro La Sociología del Arte, todo se genera a partir de una simpoiesis, -palabra que significa generar con- entonces al referirnos al remix como un proceso colectivo y asociado a un acto creativo, este pone en crisis la lógica de individualidad y superioridad intrínseca que tienen las artes. Las ideas no le pertenecen a nadie, son un patrimonio común.
Una obra pierde valor al revelarse como un remix?
En el libro “Contra la Originalidad” del escritor Jonathan Lethem se menciona que la originalidad absoluta no existe. Así hay muchos otros autores de diferentes épocas como Tristan Tzara, Joseph Beuys, Diannela Eltit, Deleuze, Michael Foucault, hasta artistas de la corriente del surrealismo dadaistas, que a través de sus prácticas han puesto en crisis el concepto de originalidad, su relación con la verdad y lo han llevado al campo de lo que Mallarme investiga: La destrucción del Yo, para al mismo tiempo poner en crisis el concepto de autoridad.
¿Qué es el nombre de un autor? ¿está escrito por? ¿Lo que dijo tal? Michael Foucault reflexiona sobre estas preguntas y por qué como sociedad le damos valor a este concepto. En las culturas orales como las afrodescendientes, circulan ideas y obras que no están firmadas, la autoría no existía, sin que por ello se desconfiara de su capacidad portadora de sentido. Otros autores como la bióloga Lynn Margulis desde su campo de investigación afirmaba que en los mundos no-humanos no existe el concepto de individualidad. Y ponía de ejemplo a los bosques de Álamos, o al reino fungi que se encuentra radicalmente interconectado a través del suelo.
García Canclini retoma las propuestas de autores como Marc Abeles, Arjun Appadurai o James Clifford para reconceptualizar la noción de cultura y entenderla no ya como entidad o paquete de rasgos que diferencian a una sociedad, sino lo cultural como sistema de relaciones de sentido. Desde esta perspectiva sugiere que:
…en vez de comparar culturas que operaría como sistemas preexistentes y compactos, (…) se trata de prestar atención a las mezclas y los malentendidos que vinculan a los grupos. Para entender a cada grupo hay que describir cómo se apropia de y reinterpreta los productos materiales y simbólicos ajenos.
Estos apuntes planteados sobre la cultura y el remix nos acercan más a la Interculturalidad, entendida como una interacción entre culturas. Nos remite a la confrontación y al entrelazamiento, a lo que sucede cuando los grupos entran en conexión, convivencia, goce y disfrute. Implica que los diferentes son lo que son en relaciones de negociación, conflicto y préstamos recíprocos. La cultura es entonces una red de conexiones, no de identidades inmutables, y la complejidad del mundo contemporáneo ha hecho que el entramado de las interrelaciones se manifieste de forma innegable. Para aproximarnos a fenómenos recientes como la globalización, lo virtual, los desplazamientos y los cruces, las nociones de unidad, simplicidad o identidad resultan insuficientes.
Ahora bien, todo ejercicio de remix es interculturalidad, una propuesta donde se anudan diversidades y conflictos. La interculturalidad pone a la persona en relación con las apreciaciones y significaciones ajenas al revelarle que está habitada por una coexistencia de voces en interacción y contradicción. Las ideas no le pertenecen a nadie, son un patrimonio común. Al interesarnos en palabras, sonidos, discursos, arte u obras ajenas, nos interesamos en quienes las producen, con quienes podemos converger felizmente, pero también divergir al entrar en áreas de controversia.
Entonces, si la cultura siempre ha evolucionado a través de procesos de diálogo, variación, selección y repetición, habitamos la cultura remix por excelencia. En el campo expandido de la cultura todo es un remix, no por esta razón, las obras carecen de valor estético, social o político. Por el contrario, son herramientas críticas, transgresiones, son identidad y modos alternativos de colaboración. A partir de aquí podemos plantear muchos ejemplos de obras y metodologías, como: las piezas conceptuales de Sara Uribe basadas en la apropiación, poemarios y diálogos con otras escritoras sobre condiciones de precariedad de las mujeres o sobre personas desaparecidas en México; Duchamp y los readymades donde nos sugiere que un objeto adquiere su condición de arte gracias a un proceso de legitimación arraigado en las instituciones de la cultura y dinámicas de poder; William Burroughs y el desarrollo del cut up o los collages luego de conocer al artista DADA Brion Gysin; la obra considerada libro-máquina de Raymond Queneau “Cent Mille Milliards de Poemes”; El castillo de los destinos cruzados de Italo Calvino en 1973, una obra con 12 historias entrecruzadas utilizando las cartas del tarot; el Bricoleur de Leví-Strauss, un proceso que utiliza “medios desviados”, que opera con materias primas ya elaboradas, fragmentos de obras, sobras o trozos; Working in my novel de Cory Angel, una obra literaria que reúne tweets de escritores que están escribiendo un libro; Am I de Sara Marshall, una web que reúne sugerencias populares de la búsqueda de la palabra “soy” y explora la forma en que la gente usa el buscador como un oráculo; o “The Irak War” A History of Wikipedia Changelogs, un libro que muestra los cambios que han sucedido a la entrada de la frase “la guerra de Irak” en dicha web, sin duda otra forma de hacer historiografía.
Encontramos también procesos de creación colectiva como el NetArt y obras como Learning to love you more o la web The Art Assignment; los memes y los Anime Music Videos; el Sampling, Djing y el VJing; o como CIVICs y Frena la curva. La cultura remix ha impulsado una nueva en la que la colaboración está modificando las reglas de juego entre las empresas, instituciones, gobiernos, artistas, músicos y personas. En este terreno surgen iniciativas que están impactando sobre manera en la forma de crear y consumir cultura. En todo del mundo miles de personas están creando cosas nuevas a partir de lo que ya existe, investigan, remezclan, cortan y pegan, crean y co-crean nuevos materiales basándose en los materiales existentes y creados por los artistas. Para favorecer esta Cultura del Remix surgen iniciativas interesantes a lo largo de todo el mundo. Una de las de mayor éxito sin duda, son las licencias Creative Commons, que apoyan a los creadores en la difusión de sus trabajos cediendo algunos derechos a quiénes los consumen y les permiten defender, al mismo tiempo, una cultura libre dentro de las amenazas del copyright abusivo. Por tanto, crece la demanda de licencias alternativas que se presten a la Cultura del Remix, como la ya citada Creative Commons o Colaboratorio Platoniq, una organización donde interactúan profesionales de la cultura y desarrolladores de software.
Como señala Alejandro Piscitelli, el contenido no sólo ha de basarse en la originalidad, también en la transformación de lo existente. En la idea del remix: tomo, mezclo y subo, contenidos cargados de valor estético, social y político. ¿El autor entonces es un procesador de texto, imágenes, sonido y materiales múltiples, manipulador de lenguajes y signos?
Cuál es el sentido -para coleccionistas, instituciones y gobiernos- de invertir en arte y cultura desde una perspectiva intercultural, es decir, cuál es el posible significado de una idea de inversión aplicada a un bien que literalmente no se consume en su uso, sino que es precisamente en su uso dónde acontece y se multiplica. (Octavi Comerón, 2011)
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