El pasado 20 de noviembre participé como ponente en la mesa de diálogos interculturales del XI REDU organizado por la Universidad de las Artes. Junto a mí, investigadores que traían procesos muy diversos que abordaban la interculturalidad desde la academia, la educación no formal, el cuerpo, el territorio y la literatura. Tuve la oportunidad de abrir la jornada con mi presentación sobre el proyecto todo es un remix: diálogos de interculturalidad que lleva madurando el entendimiento de este concepto desde el 2018 y que a través de una serie de encuentros con artistas, gestores, creadores y mediadores, reflexiona acerca de la pregunta: ¿es posible un espacio de encuentro e interralación que permita una convivencia sin violencia?
Sabemos que la cultura divide los territorios y también los une, define límites, barreras, fronteras y también las derriva, la cultura nos localiza y se transforma a partir de valores preexistentes, símbolos, lenguajes, técnicas, formas se organizarse, de aprende y de hacer. Con toda esta diversidad, la idea de una cultura/identidad nacional única se presenta insostenible. La realidad es que somos diversos y esta diversidad suele generar conflictos que escalan a diferentes grados de violencia. No es extraño que el Ecuador sea considerado el país que encabeza la lista de los países más violentos, con 45 muertes diaras por cada 100 mil habitantes según el último informe de InSightCrime (2024). Lo alarmante es que la violencia puede tomar diferentes formas hasta convertirse en su forma más perversa.
Entonces, dónde encontramos un espacio de encuentro que nos permita convivir en diversidad? ¿Existe un espacio de interrelaciones para dar sentido en compañía? ¿Es la interculturalidad una posibilidad? ¿Cómo se puede materializar desde las artes contemporáneas?

En respuesta a nuestra pregunta de reflexión, decimos que sí, que a través del pensamiento divergente de las artes contemporáneas es posible reconocer la diversidad, entender los procesos complejos de interculturalidad, configurar mundos en compañía, dialogar, remixear, contaminarnos y transformarnos. Pero para dirigirnos en la dirección de la interculturalidad desde las artes contemporáneas, tenemos que reconocer que absolutamente todo, incluidas las prácticas artísticas, se sostienen por interrelaciones.
Diferentes autores han abordado el concepto de las culturas y sus interrelaciones, sin embargo, el antropólogo Néstor García Canclini retoma las propuestas de autores como Marc Abeles, Arjun Appadurai o James Clifford para reconceptualizar la noción de cultura y entenderla no ya como entidad o paquete de rasgos que diferencian a una sociedad, sino lo cultural como sistema de relaciones de sentido. Desde esta perspectiva sugiere que:
…en vez de comparar culturas que operaría como sistemas preexistentes y compactos, (…) se trata de prestar atención a las mezclas y los malentendidos que vinculan a los grupos. Para entender a cada grupo hay que describir cómo se apropia de y reinterpreta los productos materiales y simbólicos ajenos.
Este último planteamiento nos hace pensar en el Remix y nos acerca a lo que Adorno y Bordieu investigaron por separado: las relaciones sociales son las que dan sentido a las artes y por lo tanto, estas cambian de valor al estar inscritas en interrelaciones. Parafraseando a Marina Garcés, Cristina Rivera Garza y Natalie Heinich, todo lo que hacen y producen las personas como patrimonio común, es decir la cultura son interrelaciones e interacciones humanas y no humanas. Toda nuestra actividad se sustenta en interconexiones, todo se genera a partir de una simpoiesis, todo se genera en compañía. Entonces al referirnos al remix como un proceso cultural, directa e indirectamente colectivo, se pone en crisis la individualidad.
Curar, samplear, cocrear, mezclar, todas son diferentes formas de remix adoptadas en la actualidad que suceden diariamente en procesos sencillos y complejos, y también en las artes. Por lo tanto, si la cultura siempre ha evolucionado a través de procesos de diálogo, interrelación, goce, disfrute, variación, relección, repetición y transformación, entonces habitamos la cultura remix por excelencia. No por esta razón, las obras artísticas carecen de valor estético, social y político. Al contrario, son herramientas críticas, transgresiones, identidad y modos alternativos de colaboración.
Todo es un remix reunirá en la ciudad de Ibarra y a partir del 6 de febrero de 2025 a diferentes agentes que trabajan en la intersección del arte, la cultura, la educación y el pensamiento para generar un espacio de encuentro, exposición, aprendizaje, diálogo y celebración alrededor de los conceptos de interculturalidad y el remix desde las artes como formas de cuestionar y desarmar el pensamiento atravesado por la violencia estructural.
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